Una historia sobre una boda, una familia difícil y una decisión inesperada

La mañana de la boda, el patrón continuó. Casi como un ritual.

Primero llamó el catering.
Un envío se había “retrasado inesperadamente”.
Los invitados murmuraban. Eleanor se movía entre ellos con preocupación ensayada, lista para intervenir.

Luego, el cojín del niño de los anillos.
Vacío.

El anillo apareció después, dentro de otra caja.
Un accidente, aparentemente.
Como todos los anteriores.

Excepto que esta vez, Mia no reaccionó.

No alarma.
No búsqueda de culpables.

Solo observó.

Y entonces lo entendió:

No eran interrupciones.
Eran ensayos de estrés.

No para la boda.
Para ella.

Durante los votos, otro parpadeo.
Una sobrecarga eléctrica.
Las luces se apagaron por un instante.
Una cámara no reinició.

El salón contuvo el aliento.

Mia no se movió.

No parpadeó.
No buscó causas.

Simplemente esperó.

Y en esa quietud absoluta,
cada prueba perdió su filo.

Podían alterar la escena.
Pero no la narrativa.

Porque la narrativa ya no avanzaba sin su consentimiento.

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Storhook Team

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