Una historia sobre una boda, una familia difícil y una decisión inesperada

Fuera del caos de la boda, la vida de Mia avanzaba… hacia arriba.
Estaba en la ronda final para un puesto en una firma global de inversión.
Un rol para el que se había preparado durante años, en silencio.
Sus noches se convirtieron en dos frentes.
Modelos financieros en una pantalla.
Control de daños con proveedores en la otra.
Donde otros se habrían quebrado, ella se adaptó.
Cada interrupción de Eleanor se volvió combustible.
Cada desaire afinó su equilibrio, nunca su amargura.
Una tarde, Eleanor comentó con preocupación medida:
—Parece que la boda no está recibiendo toda tu atención.
Mia no cedió.
—Estoy equilibrando prioridades —respondió, sin disculparse.
No fue rebeldía.
Fue soberanía.
Y el mundo comenzó a notarlo.
Rachel empezó a actualizarla primero.
El fotógrafo escribió en privado:
—Prefiero cerrar todo contigo. Eres quien realmente está organizando esta boda.
Por primera vez en semanas, Mia sonrió.
No por alivio.
Por reconocimiento.