Una historia sobre una boda, una familia difícil y una decisión inesperada

Mia empezó a organizarlo todo como un expediente.

No emocionalmente.
Operativamente.

Registros de llamadas. Versiones contractuales. Encabezados de correo.
Incluso notas de voz, transcritas y fechadas.

No se preparaba para confrontar.
Se preparaba para la verdad, si alguna vez era necesaria.

Daniel, mientras tanto, comenzaba a fracturarse.

Al principio la defendía, con discreción.
Pero los susurros de Eleanor nunca llegaban como conflicto, sino como cautela.

—¿No crees que esté abrumada?
—Las bodas pueden revelar… incompatibilidades.
—Estas cosas siempre se pueden posponer para ganar claridad.

Y así, no la duda, sino la erosión, comenzó.

Una noche, Daniel simplemente olvidó presentarse a la degustación del menú que Mia había organizado durante días.

Llegó tarde. Disperso.
—Perdí la noción del tiempo—

Mia no levantó la voz.

Lo miró. Tranquila. Sin parpadear.

—Daniel —dijo suavemente—, ya no estoy luchando por la aprobación de tu madre. Estoy luchando por nosotros. Pero no puedo hacerlo sola.

El aire se detuvo.

Algo en él finalmente encajó.
No miedo.
Pérdida.

Y por primera vez, su disculpa sonó despierta.

Next

Storhook Team

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *