Una historia sobre una mujer y un descubrimiento inesperado en invierno

Margaret había pasado junto al viejo cobertizo detrás de su casa más veces de las que podía contar. Llevaba décadas allí, medio hundido en la ladera, con la puerta sellada por una cadena oxidada. Para ella, no era más que otro vestigio de la propiedad: algo sin importancia, mejor dejarlo en paz. Pero ese invierno, después de años ignorándolo, la curiosidad comenzó a inquietarla hasta que ya no pudo resistirse.
Una tarde gris, decidió que necesitaba saber qué había dentro. Con una palanca en las manos, forzó la cadena hasta que el candado cedió con un chasquido seco. Las bisagras protestaron cuando la pesada puerta se abrió lentamente. En ese momento, Margaret se quedó inmóvil, con el aliento atrapado en el pecho.
Desde la oscuridad del interior surgía el sonido de una respiración profunda, lenta y constante… demasiado grave para pertenecer a una persona.