Una historia sobre una boda, una familia difícil y una decisión inesperada

La documentación de Mia se volvió meticulosa.
No obsesiva.
Estratégica.
No vengativa.
Preparada.
Clasificó todo. Fechas. Rutas de reenvío. Cambios de tono.
No para usarlo.
Solo para saber.
Porque entendía algo esencial:
el poder no está en el volumen.
Está en la claridad.
Daniel también era distinto ahora.
No defensivo.
Presente.
Reconocía su fortaleza no en discursos, sino en silencios.
Sus conversaciones se volvieron menos frecuentes, pero más precisas.
Reales.
Alineadas.
Mientras la boda se estabilizaba bajo su control silencioso, llegó la llamada de la firma.
Confirmación final. Presentación ante el consejo.
Mia pasó la noche afinando una presentación sobre integridad en asociaciones a largo plazo… sin notar la ironía que el destino preparaba.
En ese mismo instante,
Eleanor preparaba su última prueba.
Aún creyendo que la historia le pertenecía.
Pero la vida ya había cambiado de autora.