La dejó en su peor momento, pero su reacción sorprendió a todos

Meses después, el departamento de Clara olía a pintura fresca y té de limón. La luz del sol se extendía sobre el suelo, donde esperaban nuevos lienzos. Su cabello volvía a crecer. Su risa era distinta ahora: más tranquila, pero firme.

Entonces, alguien tocó la puerta.
Al abrir, Evan estaba allí.

Se veía más pequeño, desgastado, con una sonrisa frágil.
—Hola —dijo—. Te ves bien.

Entró sin pedir permiso, observando los cuadros en las paredes: trazos dorados y carmesí, audaces, desafiantes.
—Lo hiciste bien —murmuró—. ¿Cómo lograste todo esto?

Ella lo miró con calma.
—¿Cómo sobreviví después de que te fuiste?
Él se estremeció.
—Eso no es justo.
—Es la verdad —respondió—. Dejaste de aparecer cuando más te necesitaba.

Suspiró.
—Cometí errores. Tenía miedo. Pero ahora estoy aquí. Podemos empezar de nuevo.

Ella lo observó: el mismo hombre que no pudo quedarse a verla resistir.

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