La dejó en su peor momento, pero su reacción sorprendió a todos

La primera señal llegó en las palabras.
—Intentaré pasar mañana —decía, en lugar de— estaré ahí.
La segunda llegó en un aroma: un rastro de perfume que no era suyo.
—¿Trabajo otra vez? —preguntó ella una noche, con voz débil.
Él asintió.
—Reuniones sin parar. Un caos.
—Deberías descansar —murmuró—. Te ves agotado.
Evan soltó una risa corta.
—¿Y hacer qué? ¿Sentarme aquí a verte dormir?
El aire se congeló. Él intentó disculparse, pero Clara solo asintió, fingiendo no sentir la fractura abrirse. Esa noche permaneció despierta, mirando el techo, entendiendo la verdad: el amor no se iba de golpe. Se erosionaba, en silencio.
Días después, al buscarlo, sus dedos tocaron solo aire. Su teléfono vibraba más de lo que él hablaba.
Nunca lo revisó. No hacía falta. Hay silencios que cuentan toda la historia.