La dejó en su peor momento, pero su reacción sorprendió a todos

Él seguía yendo. Seguía sosteniéndole la mano durante el dolor. Pero su presencia comenzó a sentirse más como rutina que como consuelo. Las conversaciones se redujeron a lo práctico: horarios de medicamentos, llamadas al seguro, pendientes.

El dinero se volvió un fantasma constante. Clara lo escuchaba hablar por teléfono de noche, susurrando cifras, frustración contenida.
—Yo me encargo —le decía con una sonrisa forzada—. Tú concéntrate en mejorar.

Ella pintaba cuando podía, pequeños fragmentos de color para romper el blanco interminable: una naranja, una ventana, el contorno de un árbol visible desde la cama. Evan colgaba los cuadros en la pared, pero ella lo sorprendía más veces mirando el celular que observando su arte.

No fue que dejara de amarla. Fue que el amor cambió de forma: se estiró demasiado, desgastado por el miedo, el cansancio y la crueldad silenciosa del tiempo.

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Storhook Team

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