La dejó en su peor momento, pero su reacción sorprendió a todos

Cuando su madre, Maggie, llegó, no preguntó qué había pasado. Ya lo sabía. Solo tomó la mano de su hija y se quedó.

A medida que el estado de Clara empeoraba, la determinación de Maggie se endureció. Discutió con aseguradoras, pidió ayuda a fundaciones, pasó noches enteras calculando números bajo la luz tenue del hospital.

Hasta que una mañana irrumpió sin aliento, con lágrimas en los ojos.
—El patrimonio se liberó. La herencia de tu abuelo llegó. Es suficiente para todo.

Por primera vez en meses, Clara sonrió sin forzarlo. El tratamiento se reanudó y, esta vez, funcionó. Poco a poco, su cuerpo respondió: el color volvió, la fuerza regresó.

Cuando Maggie le dijo que pronto podría irse a casa, Clara lloró suavemente entre sus manos. No por debilidad, sino por alivio. Porque el amor, al final, no la había abandonado.

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Storhook Team

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