Una historia sobre una mujer y un descubrimiento inesperado en invierno

El débil rayo de luz que entraba por la puerta apenas alcanzaba la pared del fondo, pero fue suficiente para revelar lo que había dentro. En una esquina, recostado sobre un nido improvisado de mantas viejas, hojas y trozos de tela, yacía un oso adulto.

Su enorme cuerpo subía y bajaba con cada respiración, y el aire frío se llenaba de un leve vapor cálido al exhalar. El animal parecía completamente tranquilo, como si aquel cobertizo siempre le hubiera pertenecido.

El corazón de Margaret latía con fuerza en sus oídos. Retrocedió con cuidado, procurando que sus botas no rozaran el suelo. Temía que el más mínimo ruido despertara a aquel gigante dormido.

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